El arte y la construcción de identidad individual y colectiva: cuerpo-máquina vs cuerpo-sujeto.
CUERPO MÁQUINA: Antes del siglo XX desde la filosofía y el orden de la sociedad se tenía en cuenta una perspectiva del término cuerpo-máquina, el cuerpo-máquina hace referencia al recipiente que cada ser humano ocupa en el espacio , ese cuerpo, esa materia con vida que sirve en función de algo, ese algo es aquello que logra dominar el cuerpo para cumplir un objetivo o finalidad, durante mucho tiempo las instituciones como la escuela, el hospital, el deporte, entre otras habrían dado el discurso de que el cuerpo es un objeto en función de un objetivo específico, por eso tantas estandarizaciones al respecto.
La moda de la posguerra es un ejemplo muy claro de cómo el cuerpo fue concebido como “máquina social” un soporte que debía ajustarse a normas rígidas de género y apariencia, entonces las prendas eran (o son) dispositivos que organizaban el cuerpo para que encajara en un orden social específico.
El traje masculino estructurado y funcional, frente al vestido femenino que acentuaba cintura y caderas como en el “New Look” de Christian Dior
Entonces se moldeaban corporalidades y roles: producción masculina y domesticidad femenina. El cuerpo, en ese sentido, era disciplinado para cumplir una función, como si fuera una pieza dentro de una maquinaria cultural.
Esta lógica no es exclusiva de la moda, sino que atraviesa múltiples ámbitos. Por ejemplo, en el campo militar, el cuerpo-máquina se evidencia de manera muy directa. La disciplina, la sincronización de movimientos, la uniformidad y la obediencia buscan eliminar la individualidad para convertir el cuerpo en una herramienta eficiente de acción colectiva.
Aquí el cuerpo no expresa, sino que ejecuta. Este tipo de análisis fue profundamente trabajado por Michel Foucault, quien mostró cómo las instituciones modernas producen “cuerpos dóciles”, es decir, cuerpos útiles y controlables.
En el sector educativo tradicional también encontramos esta lógica. Las aulas organizadas en filas, los tiempos estrictos, la exigencia de quietud y silencio, el control del cuerpo para ir al baño en tiempos establecidos, son formas de regular el cuerpo. El estudiante debía aprender a controlar sus movimientos, su voz, su volumen, su postura, se buscaba formar individuos funcionales a un sistema productivo pues el cuerpo nuevamente, era moldeado para obedecer, no para reflexionar.

CUERPO SUJETO: En este caso nos referimos a una comprensión integral en la que el cuerpo no se reduce a su dimensión física ya que pretende articular sus pensamientos y emociones para reflexionar y ser un cuerpo además de físico consciente, se refiere a reconocer que la identidad está profundamente encarnada al cuerpo una construcción del propio deseo del ser una construcción natural de la necesidad de darle significado al yo mismo. Esto se logra evidenciar mas en el ámbito de la producción artística conde el cuerpo pretende ser estético en función de los pensamientos, sentimientos y la sensibilidad humana en lugar del rigor lo rígido del perfeccionismo vacío que las instituciones permeaban en la conducta humana. El cuerpo en este caso es un lugar donde existimos y nos relacionamos de forma integral orgánica. Esto se refleja en las vanguardias artísticas, de la pintura, la danza y el teatro, el dadaísmo, el surrealismo y el performance a función de la reflexión .
¿La industria ha sabido explotar el cuerpo-sujeto?
La necesidad de identidad en el ser humano es una condición profundamente arraigada en la forma en que existimos y nos relacionamos con el mundo implica reconocer que no basta con existir biológicamente: necesitamos comprender quiénes somos, cómo encajamos en el entorno y qué sentido tiene nuestra experiencia. La identidad es algo que se va configurando a través de la experiencia vivida, del cuerpo, de la percepción y del contacto con otros. Entonces podemos decir que la necesidad de identidad está ligada a la necesidad de orientación: saber quién soy me permite ubicarme en el mundo, tomar decisiones y actuar con cierto sentido de coherencia.
Esto nos lleva a preguntarnos si los algoritmos, las redes sociales, la industria de la moda, del maquillaje y todo consumo humano ha sabido explotar la necesidad humana de crear una identidad ante las personas en comunidad, es decir que el cuerpo-máquina es la base interiorizada para construir el cuerpo-sujeto.
Sí es cierto que hoy las redes sociales y la industria cultural han convertido la identidad en un terreno altamente visible, moldeable, explotable. Plataformas como Instagram o TikTok funcionan como escenarios donde el sujeto se exhibe, se compara donde hay una ilusión de libre expresión pero solo se posiciona dentro de una plataforma que busca vender contenido. Allí, la identidad deja de ser únicamente una construcción íntima o reflexiva ya que ahora sería un producto, un algo que se diseña, se edita y se produce.
la industria, incluyendo la moda, el marketing y los algoritmos, no crea la necesidad de identidad, pero sí la detecta, la estudia y la canaliza. Michel Foucault lo dijo: el poder no solo reprime, también produce. En este caso, produce formas de ser, estilos de vida, estéticas y hasta “rebeldías” que, paradójicamente, terminan siendo normalizadas y consumibles.
Por ejemplo, la moda holgada como signo de "diferencia generacional", es algo totalmente preparado ya que lo que se presenta como autenticidad o ruptura muchas veces ya está anticipado por el sistema. Es decir, la industria vende ropa, vende significados como rebeldía, libertad, autenticidad, pertenencia. Y esos significados se incorporan en el cuerpo. El cuerpo se viste, se mueve y se muestra de ciertas maneras que parecen propias, pero que han sido, en gran medida, preconfiguradas por la industria. Por eso nos venden la idea de ser libres.